sábado, 14 de enero de 2017

AVÍVAME SEÑOR!


"Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.
Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio."
2 Timoteo 1:6-7

Los termómetros en Europa llevan varios días cayendo a extremas temperaturas bajo cero, se han tenido interrupciones en el transporte público, vuelos comerciales en numerosos aeropuertos. Esta ola de frío tiene su origen en una masa de aire polar procedente de Escandinavia, la cual ha provocado que las temperaturas bajen hasta los 20 grados negativos. El frío ha provocado daño, destrucción, paralización y hasta algunas muertes. (Tomado de El Confidencial)

El frío afecta a muchas personas alrededor del mundo, el hielo natural hace que muchas cosas se transformen y la vida no continúe siendo la misma que en un día del sol. Al igual nuestra vida natural es afectada por el frío, nuestra vida espiritual también puede enfriarse, debilitarse, destruirse y paralizarse si permitimos que la frialdad se apodere de nuestros corazones  y se apague el fuego del don de Dios que está en nosotros.

Al igual que en lo natural, el hielo en el corazón paraliza nuestras vidas, nos detiene, nos estanca, no permite que avancemos porque estamos fríos y sin la vida de Dios ardiendo en nuestros corazones, su poder, su amor, su dominio propio en nosotros se apaga lentamente y la cobardía se apodera de nuestro corazón. 

El fuego del don de Dios que un día recibimos en nuestros corazones puede correr el riesgo de apagarse y lentamente irse muriendo, dejando poco a poco de darnos calor, fuerza, vida, ánimo, valentía y poder para enfrentar las batallas de la vida. El fuego del don de Dios es un regalo, Su presencia en nosotros, siempre podemos tenerlo encendido, solamente debemos ir a la fuente que hace que permanezca así, estar en Su presencia y recibir de Él.

El fuego del don de Dios en nosotros transforma las situaciones más difíciles en situaciones posibles porque El Señor nos llena de fe, de fuerzas y de valentía para poder continuar cada día. Por esa razón en el siguiente verso nos dice que Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, cuando el fuego empieza a apagarse en nuestro corazón nos llenamos de temores, de dudas, de incredulidad y vemos todo como grandes gigantes contra los cuales no podremos pelear, ni vencerlos.

Cuando avivamos en fuego de Dios en nosotros retomamos sus promesas en poder, en amor, en valentía y en dominio propio.  Avivar el fuego del don de Dios en nosotros es desechar toda incredulidad, dejar la cobardía, los temores, los miedos y las cosas que nos atemorizan y que poco a poco van ganando terreno en nuestro corazón.

El fuego de Dios en nuestro corazones lo debemos avivar nosotros, el regalo ya está dado, pero es necesario que seamos nosotros quienes continuamente pongamos leña al fuego, leyendo Su palabra, pasando tiempo en su presencia, hablando con El Señor, orando y dejando que El nos hable, cantando alabanzas en nuestro corazón, recitando escrituras, cada una de estás cosas agrega leña al fuego de Dios en nuestros corazones y con el viento del Espíritu Santo en nosotros lograremos no solamente avivarlo, sino hacerlo crecer para que arda en nuestro interior y consuma todo aquello que nos separa del Señor y nos hiela.

Señor avívanos! Que ese fuego que un día ha ardido en nuestro corazones crezca y se haga grande, no permitas que la cobardía, los temores, los miedos, la incredulidad y la falta de fe apaguen ese fuego en nosotros. Ayúdanos Señor a que este fuego arda en nuestros corazones y consuma todo lo que no te glorifique, lo que no te agrade, consuma y queme nuestros temores, nuestros miedos, nuestras inseguridades. Avívame Señor arde en mi interior y lléname de ti, no quiero vivir en la frialdad de un corazón vacío, seco, paralizado y sin fe. Recibo tu viento fresco Espíritu Santo para que tu fuego en mi corazón pueda crecer y avive todo mi ser! Amén!