sábado, 22 de julio de 2017

TE BENDECIRÉ POR SIEMPRE!


"Bendeciré a Jehová en todo tiempo;
Su alabanza estará de continuo en mi boca."
Salmo 34:1


La palabra bendecir viene del latín "bene" bien y "decire" decir, uniéndolas es decir bien o hablar bien de alguien o sobre alguien.  

A lo largo de la historia en la palabra de Dios vemos la importancia de la bendición, sobre todo de padre a hijos, ya que eran palabras que marcaban radicalmente la vida y el futuro de los que recibían esa bendición. 

Hoy queremos reflexionar pensando ¿Podemos nosotros bendecir al Señor que es tan grande y poderoso? ¿Podemos nosotros siendo tan pequeños y vulnerables bendecir a Dios?

La respuesta es si, si podemos bendecir al Señor, la palabra de Dios nos dice que bendigamos al Señor por todo lo que nos ha dado, que le bendigamos en todo tiempo, que le bendigamos con nuestra vida, con nuestra alma, con nuestra boca y con todo lo que somos.

Bendecir al Señor es hablar bien del Él, contar sus maravillas y expresar con palabras terrenales las acciones celestiales que nuestro Dios hace en favor de nosotros, esto podría ser algo muy fácil y sencillo cuando estamos pasando por tiempos de paz y bendición, pero la escritura dice "bendeciré al Señor en todo tiempo"...

Hablaré del Señor bien en tiempos de aflicción y de angustia, en tiempos oscuros y de tormentas, en tiempos de guerra y de batalla, en tiempos en los que todo parece detenerse y no avanzar, porque el bendecir al Señor en esos tiempos recordaré cuántas cosas ha hecho Él por mi y de esos tiempos angustiosos en los que Su mano poderosa no se ha acortado para socorrerme. También cuando alabo al Señor continuamente con mis labios, cierro toda posibilidad a confesar palabras negativas, de derrota, de desanimo, de incredulidad y de endurecer en el corazón. 

¿Qué tiempo estás viviendo? Tiempos de aflicción, bendice al Señor! Tiempos de bendición, bendice al Señor! Cuando alabamos al Señor y bendecimos a nuestro Dios de manera continua brota de nuestro interior una fuente inagotable de esperanza, de gratitud y nuevas fuerzas, renace la confianza y la fe en un Dios de imposibles, que todo lo puede y que ha vencido al mundo.

Cuando bendigo al Señor mi alma se doblega, mi corazón se goza, mi fe se renueva y mi espíritu se fortalece! 


Te bendeciré por siempre!
Bendito seas Señor!!! Amén!